lunes, 1 de junio de 2009

Entrevista en Heraldo de Aragón


PINTURA
La decoración: una vía rentable para artistas con modestia creativa y sentido práctico
Saber adaptarse a los gustos del comprador y estar dispuesto a vender al margen de las galerías de arte permite ganarse la vida pintando a artistas que han desarrollado una buena técnica pero cuya cotización es escasa porque su firma es desconocida.

No todo el mundo puede -ni quiere- tener colgado en su casa un Picasso o un Velázquez. Pero la mayoría de la gente posee algún cuadro y muchos aprecian que no sea una lámina impresa, sino una obra original, pintada a mano. Obtener piezas de artistas de renombre suele exigir bolsillos desahogados y, además, lo que el público pide a veces es solo un objeto ornamental que combine con el resto de la decoración.

Abastecer al cliente con piezas asequibles no es cosa de galerías de arte, sino de tiendas de decoración e incluso hipermercados. Muchos locales de enmarcado ofrecen cuadros de variopintos estilos, firmados por autores desconocidos, que la gente se lleva contenta porque 'hacen juego' con su mobiliario, les gustan y son baratos.

Pero, ¿quién pinta esas obras? ¿Pueden considerarse arte piezas hechas con oficio y técnica pero sin ínfulas creativas? Andy Warhol, inventor del pop-art, dejó dicho: "Hacer dinero es arte, y el trabajo es arte, y un buen negocio es el mejor arte". Numerosos artistas considerados genios hoy día trabajaron de encargo tratando de dar gusto a quienes les pagaban. Además, ¿de qué le sirvió a Van Gogh, que no lograba vender un lienzo, que su obra haya acabado cotizando a precio de oro?

Espíritu artesanal
Gregorio López Vicente lleva más de veinte años recorriendo España para llevar sus pinturas a diversas tiendas. Obras que, según aseguran en la zaragozana Arte y Primor, se venden estupendamente. López Vicente nació en Burgos, pero se afincó con 19 años en Zaragoza y aquí sigue. Empezó a pintar de niño, porque nació con problemas de corazón que le impedían hacer deporte. "Tenía clases dos horas diarias, me enseñaron muy bien la técnica", explica, aclarando su versatilidad pictórica.

Al principio, pintaba a su libre albedrío. Hizo hasta una veintena de exposiciones en salas, pero para ganar dinero tenía que recurrir a otros oficios. Hasta que un día decidió llevar su trabajo a tiendas. "La venta a particulares es difícil. Antes compraba arte la gente a la que le sobraba dinero, ahora lo compran para decorar la casa", dice López Vicente, que ha ido renunciando a la inspiración para amoldarse a lo que impone el mercado: producir a bajo precio, conocer las tendencias decorativas y saber aceptar los criterios del comprador. "Como artista, es desagradable, porque las limitaciones me impiden dar toda la calidad que tengo. Pero como forma de vida es muy buena: gano suficiente, soy mi jefe, tengo horario libre?", explica.

Llevarse a casa una obra de López Vicente (en acrílico sobre papel) cuesta en torno a los 100-150 euros. Pinta varias horas a diario (de noche) y también desarrolla encargos hechos por decoradores. Sus obras se pueden ver en hoteles, oficinas de cajas de ahorros, hospitales? Casi prefiere considerarse una artesano más que un artista. "Un artista, en sus obras, trata de transmitir sus valores, pero cuando trabajas por dinero no puedes expresarte. Uno tiene que asumir lo que es: yo hago el mejor trabajo posible para el cliente que tengo", resume con sencillez.

Cuenta una anécdota como para bajarle los humos a cualquiera: una clienta le pidió un cuadro y, una vez pintado, le hizo cambiar un color porque no se ajustaba a lo que ella tenía en mente. "Ojalá tuviera un mecenas", suspira.


1 comentario:

  1. Nos encantó la anécdota. Ese tipo de situaciones se dan en todas las actividades... nosotros, seguramente se lo hubiésemos acomodado al cuadro en la cabeza, a la dama, con mucho cuidado y respeto por supuesto.

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